La vanidad del mundo

13 Mayo 2009

De la vanidad del mundo se reía también, al final de sus días, Valéry Larbaud. Si Walser pasó los últimos veitiocho años de su vida encerrado en manicomios, Valéry Larbaud, a causa de un ataque de hemiplejía, pasó  en una silla de ruedas los veinte últimos años de su azarosa existencia.
Larbaud conservó enteras su lucidez y su memoria, pero cayó en una confusión total del lenguaje, carente de organización sintática, reducido a sustantivos o a infinitos aislados, reducido a un mutismo inquietante que un día, de pronto, ante la sorpresa de los amigos que habían ido a visitarle, rompió con esta frase:
-Bonsoir les choses d´ ici bas.
¿Buenas tardes a las cosas de aquí abajo? Una frase intraducible. Héctor Bianciotti, en un relato dedicado a Larbaud, observa que en bonsoir hay crepúsculo, el día que se acaba, en vez de noche, y una leve ironía colorea la frase al referirse a las cosas de aquí abajo, es decir, de este mundo. Sustituirla por adiós alteraría el delicado matiz.
Esta frase la repitió Larbaud varias veces a lo largo de aquel día, siempre conteniendo la risa, sin duda para mostrar que n o se engañaba, que la frase no significaba nada pero que iba muy bien para comentar la vanidad de toda empresa.

Este fragmento esclarecedor pertenece a Enrique Vila-Matas y fue publicado originalmente en Bartleby & compañía. Cada día, a cada hora, nos preguntamos por qué, para qué o, más precisamente, por qué yo, para qué escribir, si en realidad estamos signados por la vanidad.

Pues bien, mis amigos, a caballito de la vanidad, con rumbo a ninguna parte, vamos.

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