Vivimos en ciudades populosas
porque nos gusta estar entre la gente,
y las complicaciones del presente
nos insta a hacer uso de las cosas
que en pilas cada vez más numerosas
ofrecen las vidrieras al cliente,
luz eléctrica, radio, agua caliente,
revistas y bebidas gaseosas.
No, nunca más nos gustará la vida
tediosa de los campos despoblados,
con arañas, ratones y alambrados;
salvo el domingo como interesante
cese de una rutina repetida,
especialmente con un sol radiante.
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